El general Prim y la “Esforzada” ciudad de Reus

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E.g., 16/11/2018
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Dijous, 20/03/2014

Lloc: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Madrid)

 

“Acabo de entregar a vuestro Ayuntamiento la espada que vibró en Castillejos, Tetuán y Wad-ras [...]. Todavía está teñida de sangre mora. Confío que esta prenda será para vosotros símbolo de unión y concordia. La nobleza de vuestro corazón me responde de que sean cuales sean los tiempos que sobrevengan, ya en época de prosperidad, ya en épocas aflictivas, esta espada será por vosotros respetada, será como un símbolo sagrado y de veneración para todos [...]. No os acordéis del pasado, y atentos sólo a las glorias de la patria ella será el lazo que nos unirá eternamente para adquirir su mayor prosperidad, y estad seguros que siempre que ella de mi necesite no faltaré nunca a consagrarle la vida, como así debe hacerlo aquel que se precie de ser un buen catalán.”

15 de mayo de 1860, discurso que pronunció el general Prim desde el balcón del Ayuntamiento de Reus el día que ofrecía su espada a la ciudad, el día posterior a su llegada en el marco del viaje triunfal que hacía por Catalunya después de la campaña de África. La espada está expuesta hoy en una de las salas nobles del Ayuntamiento.

Es un ejemplo elocuente de la estrecha relación que unió al general con su ciudad natal, que no estuvo marcada sólo por el hecho de que Prim naciera en Reus. El Reus de Prim fue una ciudad singular, una ciudad que, como él, se había hecho a sí misma. Y el Prim que conocieron los reusenses de la época fue, si ello es posible, una figura todavía más excepcional y controvertida que para el resto ciudadanos de aquella España convulsa.

 Apuntes biográficos

Joan Prim i Prats nació en Reus el 6 de Diciembre de 1814, hijo de Pau Prim, capitán del Regimiento del Príncipe, y de Teresa Prats. A pesar de que no hay documentos que lo corroboren, según la tradición nació en una casa de la plaza del Mercadal hoy desaparecida: una placa lo recuerda en una columna del edificio actual, un edificio que, curiosamente, acoge un equipamiento cultural dedicado al otro gran hijo ilustre de Reus: el arquitecto Antoni Gaudí.

La rama paterna del general, los Prim, fueron unos importantes propietarios de Verdú, en Lérida, una familia acomodada y reconocida. El abuelo del general, Ramon Prim, se instaló en Reus en 1778 como notario y se casó con una reusense, y mantuvo relaciones con las familias acomodadas de la ciudad. Pero su hijo Pau, padre de Prim, a pesar de heredar la notaria, no supo mantener el estatus familiar. Por una lado, porque su segunda esposa (la primera, con quien no tuvo descendencia, murió al poco de casarse) pertenecía a una familia con una posición social y económica inferior a la de los Prim, y por otro lado porque su ideario político le llevó a alistarse en el cuerpo de los migueletes y a sumarse a la lucha antinapoleónica. En 1825 volvía a hacer de notario, pero en 1833, a causa de la poca actividad de la notaría, solicitó reingresar al ejército.

Los diversos destinos que su padre tuvo hasta 1825 hacen difícil establecer cuanto tiempo estuvo Prim en Reus los primeros años, pero se sabe que en 1826 la familia vuelve a establecerse en la ciudad.

Los recuerdos de aquellos tiempos nos han llegado a través de reusenses que conocieron y trataron al joven Prim, como Francesc Gras i Elies, de padres y abuelos también notarios y perteneciente al mismo ambiente liberal.

Así, Gras i Elies recuerda que Joan Prim fue un niño rubio hasta los 10 años, un joven de estatura media y con buena voz, aficionado a la música y a los juegos de cierta brusquedad.

Como anécdota, explica que una de las “aficiones” del joven Prim era saquear los puestos de verdura del mercado, en la plaza Mercadal, y que una mañana, al pillarle con un puñado de higos, una vendedora le tiró las pesas a las piernas. Dicen que en 1860, en su retorno victorioso a Reus, el general reconoció a la mujer entre el público y le regaló una onza de oro.

El joven Prim no siguió la tradición familiar de estudiar leyes, aunque sí trabajó en la notaría. En 1833 fue de los primeros en alistarse a los Voluntarios de Isabel II.

Fue expulsado a causa de los incidentes que protagonizó junto a otros compañeros, entre ellos el joven liberal reusense Joan Martell, en una expedición por los pueblos de los alrededores de Reus, donde tenían la misión de evitar altercados y acabaron enfrentándose ellos mismos a las autoridades locales.

Su marcha de Reus, a los 19 años, obedecía a la necesidad de ganarse la vida y también a su afán de aventura y el deseo de recuperar, por la espada, el rango social que le correspondía. Labrarse un nombre y obtener el reconocimiento público fue una constante en la biografía de Prim, que no dudó en asumir grandes retos confiado que la fortuna le reservaba grandes oportunidades.

Poco después de su partida, su padre murió en Barcelona y su madre y su hermana se trasladaron a la ciudad condal, a la villa de Gracia. La vinculación de Prim con Reus quedaba fuera del círculo familiar, pero se mantuvo firme y constante hasta su muerte a través de los amigos que allí dejó.

Amigos como Macià Vila, importante industrial textil y uno de sus grandes valedores en Reus; como Esteve Galofre, también militar y su hombre de confianza; o como Josep Manuel Pàmies, político liberal con quien poco antes de morir compartía las esperanzas sobre la llegada inminente a España de Amadeo de Saboya.

Reus, patria chica

Definitivamente lejos de Reus, la ciudad pasó a ocupar en su imaginario un lugar mítico. Era hacia Reus donde dirigía su atención cuando quería saber cómo acogía la población sus discursos y sus decisiones, cuando quería medir sus niveles de popularidad como político o militar, y hacia donde miraba también, en los momentos difíciles, buscando refugio.

Por todo ello, según su criterio, Reus debía ser espejo de comportamiento social y político, una ciudad ejemplar donde, si era necesario, debía aplicarse mano dura para encauzar las cosas. Un laboratorio, en definitiva, de lo que debía ser Catalunya en su conjunto, territorio ejemplar en su modelo de España.

A continuación pueden ver unas imágenes de como era Reus en la época de Prim.

Y Reus, de la mano de Prim, tuvo un protagonismo decisivo en la historia de España a raíz de unos hechos que pesaron siempre en la relación del General con su ciudad natal: los hechos de 1843.

Los hechos de 1843

En 1843 España se encontraba en una situación política compleja, con enfrentamientos continuos entre partidarios y detractores de la regencia del general Espartero. Prim, entonces coronel y diputado a Cortes, quiso dar respuesta a la situación con un pronunciamiento militar que forzara a proclamar la mayoría de edad de la reina Isabel y acabar con una regencia que consideraba dictatorial.

Prim escogió Reus —donde tenía muchos partidarios— para pronunciarse. Llegó a finales de mayo acompañado de Lorenzo Milans del Bosch, también militar y diputado, y convocaron en la casa consistorial a los notables de la ciudad, que, obligados o no, acordaron pronunciarse contra la regencia de Espartero. Prim y Milans asumieron el mando y difundieron entre la población noticias falsas de alzamientos en otras ciudades de España.

Reunida la milicia, fueron a sublevarse a Tarragona, donde no les dejaron entrar. Finalmente, las tropas del ejército, a mando del general Zurbano, llegaron a Reus para sofocar a los rebeldes.

Prim, a pesar de la evidencia del fracaso de la insurrección y de las condiciones que le ofrecía Zurbano, se negó a rendirse. El 11 de Junio, domingo, el bombardeo del ejército sacudió la ciudad entera durante cinco horas.

Fueron cinco horas de pánico y caos que arrojaron un balance de 30 muertes, un centenar de heridos e importantes daños materiales. Prim permitió que una comisión saliera a negociar con Zurbano, que consiguió que Zurbano prometiera un indulto total que incluía la salida en formación y con todas las armas de Prim y sus seguidores.

El impacto de los hechos sobre la población fue enorme, y fue el origen de un voto de pueblo que aún se mantiene. Un voto de pueblo —vale la pena recordarlo— es un compromiso adquirido por una población de dedicar a perpetuidad una fiesta solemne a la Virgen o a algún santo para conmemorar un beneficio recibido gracias a su intercesión.

El día del bombardeo de Reus se celebraba la fiesta de la Santísima Trinidad, y como la imagen de la Virgen de Misericordia estaba en la parroquia y no en el santuario, como era habitual, la población se acogió a su advocación para pedir el cese del fuego.

Desde entonces, la fiesta en honor a la patrona y en conmemoración de la Aparición se celebra junto a la fiesta de la Santísima Trinidad. A raíz de los hechos se confeccionó un nuevo manto y un vestido carmesí para la imagen, bordado en plata, conocido como el “manto de las bombas”.

Aquí pueden ver la litografía hecha sobre un dibujo del pintor Antoni Verdaguer que representa el bombardeo. Según recordaba años más tarde Güell i Mercader, la imagen estaba presente en el comedor de muchas casas de la ciudad.

El pronunciamiento, sin embargo, acabó triunfando, y Reus, además de diversas ayudas a favor de los damnificados, recibió el título de Ciudad con el calificativo de Esforzada, un nombre que el General, que por aquellos hechos fue condecorado como conde de Reus, utilizó a menudo para referirse a su ciudad natal.

Reus, la Esforzada

Después de 1843, como decíamos, Reus fue para Prim un referente indiscutible. Por un lado, porque quería resarcir la ciudad de aquella tragedia, y por otro, para recuperar el prestigio que tanto deseaba, lastrado por los hechos de 1843 y por otros posteriores, como su papel como gobernador militar de Barcelona. Veamos algunos ejemplos de ello.

En 1846 Prim fue juzgado en relación al intento frustrado de asesinato del general Narváez. Su implicación nunca pudo probarse, y en el juicio se le consideró culpable de conspiración pero se le absolvió del cargo de inducción al asesinato. Su madre consiguió el indulto de la reina, con la aquiescencia del propio Narváez, y desde Écija, donde le habían destinado en misión gubernamental, Prim esperaba que se desencallara su futuro.

Por carta, confesaba a Macià Vila, su gran amigo reusense, que volver a Reus era lo que más deseaba, y sobre todo sentir el afecto de los reusenses. Decía: “Pocas cosas he sentido tanto en todas las vicisitudes que por mi han pasado que haber perdido el cariño de mis queridos compatriotas, porque yo soy de Reus, ya lo sabes. Para mí, Reus, París y Londres, carrer de Monterols, la plaça de les Monges y raval de Santa Anna, [...] conque dímelo, querido, que tendré mucho gusto en saber que si no me quieren como un día, a lo menos no me aborrecen”.

Por eso en 1850 celebró de forma entusiasta la buena acogida que tuvo en Reus, aunque no en el conjunto de Catalunya, su primera gran intervención en el Congreso, un discurso en que avanzó gran parte de su ideario y en que justificaba su actuación de 1843.

Desde el punto de vista político Reus jugó también un papel decisivo para sus aspiraciones. Es en Reus donde Prim inicia, en 1840, su carrera como diputado al Congreso, un Congreso para el que revalidará acta en las elecciones de 1843 y donde tendrá como compañero y defensor a otro reusense de peso, Pere Mata. Vitales para sus aspiraciones políticas fueron también los resultados de las elecciones de marzo de 1857, donde consiguió 255 de los 384 votos en juego en el distrito de Reus.

A lo largo de su vida, todos los agravios y reproches que le llegaban de la ciudad tuvieron para él una virulencia especial, los sentía como no sintió otros, ya se tratara de reproches políticos o de simples panfletos de carnaval.

Y en más de una ocasión no dudó en expresar la rabia que ello le producía y qué haría si por él fuera para escarmentar a sus instigadores, entre los cuales se encontraba el liberal Joan Martell, compañero de juventud con quien se había enfrentado desde 1843. En mayo de 1856 escribía: “Hay en el mundo de España una ciudad populosa, belicosa y dispuesta a lo bueno y a lo malo: se llama Reus. Allí tenemos muchos amigos, pero ahogados por Martell y su gentuza”.

La ciudad también supo aclamar a su general en los momentos de esplendor, como en las dos grandes visitas que hizo a Reus: la primera a la vuelta victoriosa de la campaña de África, a la que ya nos hemos referido, y la segunda en 1868, después del triunfo de la Gloriosa, cuando Prim pasó por Reus camino de Madrid.

En el primer caso, Prim llegó a Reus a les 3 de la tarda del 14 de octubre de 1860, y después de una recibida multitudinaria habló desde el balcón del ayuntamiento. Confesó que “si alguna cosa de especial hay en mi organización la debo al haber nacido en esta atmósfera. Por eso los hijos de esta ciudad han sido siempre respectados y apreciados por todo el mundo por su valor y la nobleza de corazón y por ello yo he podido demostrar siempre que no hay peligro, donde un catalán ponga los pies”. Al día siguiente entregó al Ayuntamiento la espada con la que había dirigido la campaña de África.

En relación a la espada, unos años más tarde, en 1867, después del fracaso de un primer intento de sublevación, se quejaba por carta a su amigo Josep Manuel Pàmies de que las autoridades habían saqueado su palacete de Toledo y se habían llevado las armas, las espingardas y los trofeos de la guerra de África, pero que todavía le dolía más que el Ayuntamiento de Reus hubiera quitado “mi espada y mis armas moras del salón municipal”.

A partir de su boda con Francisca Agüero, quizá por los constantes cambios de residencia y los viajes por Europa y España, Reus se convirtió en un mundo más lejano, enmarcado por la añoranza simbólica de cosas materiales. En una carta al amigo Macià Vila de 1857, por ejemplo, le pide “un barrilete de aguardiente anisado doble”. Un barrilete de aguardiente de Reus.

Ya como presidente del Consejo de Ministros, en el marco del difícil equilibrio entre republicanos y monárquicos, la situación política que se vive en Reus a menudo le irrita, en la medida que Reus, y Catalunya también, se muestran más próximas a los planteamientos republicanos que a los monárquicos que él representa. Uno de sus principales enemigos en esta línea, que aglutinará parte de las críticas que le acusan de volubilidad ideológica, fue otro catalán, Pi i Margall.

De todos modos, su proximidad y vinculación a Catalunya se mantuvieron inalterables. Y se demuestran en múltiples frentes. De una forma simbólica, en el regalo que la comisión de diputados españoles que se traslada a Florencia en diciembre de 1870 para ofrecer la corona a Amadeo de Saboya entrega al monarca de parte de Prim: la faja de general que el Instituto Industrial de Catalunya le había regalado a la vuelta victoriosa de África.

Cabe recordar que como diputado Prim destacó en la defensa de los intereses de la Cataunya industrial, oponiéndose a las políticas librecambistas del gobierno de Espartero. Desde el conocimiento directo de la realidad de Catalunya, sometida entonces a una dura represión política y militar, defendió la necesidad de aflojar las cuerdas. Y lo hizo con la contundencia que caracterizaba sus intervenciones, como en el discurso que pronunció en 1851:

“Catalunya pide que gobernéis con justicia, que gobernéis con seguridad, que no saquéis al pueblo más dinero que el que pueden dar buenamente según el estado de su riqueza, para que no veamos infelices labradores abandonar sus tierras, infelices artesanos que cierran sus tiendas por no poder pagar lo que pedís. [...]

El horizonte amenaza grandes tempestades; es muy posible que antes de mucho se abra una lucha de gigantes; dos banderas flotarán por los aires; cada una tendrá sus partidarios y para entonces es preciso que los catalanes sepan a cual de las dos habrán de prestar su brazo robusto.

¿Son los catalanes españoles? Pues devolvedles las garantías que les habéis arrebatado, garantías que son suyas, que tienen derecho a usar de ellas, porque las han conquistado con su sangre. Igualadlos a los otros españoles.

Si no los queréis como españoles, levantad de ahí vuestros reales; dejadlos que para nada os necesitan.

Pero, si siendo españoles los queréis esclavos; si queréis continuar la política de Felipe V, de ominosa memoria, sea en buena hora, y sea por completo: amarradles a la mesa la cuchilla como lo hizo aquel rey, encerradlos en un círculo de bronce; y si eso no es bastante, sea Catalunya talada y destruída y sembrada de sal como la ciudad maldita; porque así, y sólo así, venceréis nuestra altivez; y así y solamente así domaréis nuestra fiereza.”

Por todo ello, Joan Prim fue, sin duda, una figura excepcional. Una figura carismática que despertó admiración y odios. Y Reus, su ciudad natal, supo estar a la altura de su general también en la medida o desmedida de su admiración y de sus críticas, a las que el General respondió con la misma intensidad. Una relación apasionada que ha perdurado a lo largo de la historia.

Reus, la memoria de Prim

La plaza Prim

Aquí tienen una imagen de la plaza de Prim, en Reus.

Durante los hechos de 1843 en Reus, Prim fue increpado por un grupo de reusenses, y como respuesta a los insultos él mismo pronosticó que algún día, en aquel mismo lugar donde le increpaban, le erigirían un monumento. No se equivocó. El lugar en cuestión es el que hoy ocupa esta plaza.

La plaza nació de la decisión de la Junta Revolucionaria, en 1868, de demoler el convento de monjas carmelitas que ocupaba el espacio y desde el primer momento se proyectó como el elemento vertebrador de la nueva ciudad burguesa. Se la conoció inicialmente como plaza de las Monjas o de la Revolución, hasta que en 1882 se la bautizó con el nombre del general. Durante el período de 1936 y 1939 se bautizó oficialmente como plaza Roja y al general se li quitó la espada para mostrarle con el puño alzado.

Epicentro de la vida ciudadana, ha sido testigo de la historia contemporánea local y continúa siendo la postal por antonomasia de Reus.

En relación a la estatua, el proyecto de 1882 preveía completar la plaza, todavía a medio urbanizar, y colocar en ella un monumento a Prim. Para sufragar los costes, el Ayuntamiento promovió una suscripción estatal. Se perfilaron dos propuestas sobre el monumento: edificar una fuente o una estatua ecuestre. Finalmente ganó la segunda opción, y se convocó un concurso de maquetas abierto a todos los escultores españoles.

El veredicto fue muy polémico, porque, entre otras cosas, se decía que el proyecto ganador, del artista barcelonés Lluís Puiggener, era idéntico al que el mismo autor proyectaba en el parc de la Ciutadella de Barcelona. Todo ello se complicó hasta el punto de retrasar la inauguración del monumento y de abrir a los responsables un proceso por malversación de fondos.

La fotografía corresponde al momento de la colocación de la escultura, en 1882. La obra presenta la estatua de Prim a caballo, dos relieves laterales y los escudos de la ciudad y del título de marqués de los Castillejos. Los cañones que lo circundan, que cierta tradición atribuye a la guerra de Marruecos, son obra del escultor local Pau Figueras.

 El paseo Prim

Otro espacio urbano marcado con el recuerdo del general es el paseo de lleva su nombre.

En 1914, al celebrarse el centenario del nacimiento de Joan Prim, la ciudad quiso festejar el evento. El diputado Julià Nougués obtuvo del gobierno una aportación para esta finalidad, pero habiendo estallado la guerra europea se decidió suspender las fiestas y destinar el dinero a las obras de prolongación hacia el sur del paseo Sunyer y enlazarlo con el de Misericordia. Y se decidió repetir para el paseo el mismo nombre de la plaza.

Son las dos grandes presencias del general Prim en el callejero reusense, que marcan la imagen física de Reus contemporáneo.

El traslado de los restos

A continuación les invito a ver unas imágenes rodadas por un aficionado reusense, Jordi Vall, que son testigo de unos hechos significados: el traslado a Reus de los restos del general desde Madrid en 1971, coincidiendo con el centenario de su muerte.

[PROJECCIÓ PEL·LÍCULA]

Cuando se conoció la noticia de la muerte del general la ciudad quedó conmocionada. Pocos días después, el 2 de Enero de 1872, el consistorio se dirigió a su viuda para pedirle que su hijo ilustre fuera enterrado en Reus. Los intentos, en aquel momento, no tuvieron éxito, pero los diferentes consistorios que se sucedieron continuaron las gestiones para hacerlo posible.

El cadáver del general, presidente del gobierno en el momento de la muerte, fue embalsamado y tuvo un entierro solemne. Un entierro, sin embargo, no exento de polémica a causa de la ceremonia masónica que al parecer se ofició en Madrid antes de los funerales de estado. Ello deslució las ceremonias que tuvieron lugar en muchas otras localidades.

En el caso de Reus, en la ceremonia religiosa que se ofició en la Prioral de Sant Pere el arzobispo prohibió la lectura de la homilía, que se imprimió y repartió entre los asistentes.

En Madrid, después de los funerales, el cuerpo se trasladó en coche fúnebre real y la urna con los restos fue depositada en el panteón de Hombres Ilustres, en la Salesas Reales. Después de las exequias se encargó a Plácido Zuloaga, considerado el mejor damasquinador de la época, la construcción de un mausoleo de acuerdo con el rango de jefe de estado que finalmente se instaló en el Panteón de Hombres Ilustres de la Basílica de Atocha.

Mientras Reus esperaba la llegada de los restos del general, se sucedieron las especulaciones sobre donde debían reposar los restos. El lugar escogido fue el Cementerio General de Reus.

No fue hasta cien años después de su muerte que el sepulcro del general de trasladó de Madrid a Reus. De la estructura primitiva se sustituyó la urna de cristal por otra nueva y se suprimieron las rejas de hierro que la rodeaban, que se conservan en la ciudad. La llegada del General se conserva todavía en la memoria popular como UN evento memorable.

Memoria de Prim

El recuerdo y la memoria del General están presentes en la ciudad a través también de diversos fondos históricos, como los del Instituto Municipal de Museos, con una interesante colección de grabados, como los que vemos en estas imágenes. Muchos llevan su firma autógrafa. El Museo guarda también objetos personales que Prim utilizaba en campaña, como unos binóculos o unA pequeña lámpara de alcohol. También hay armas que le pertenecieron, como una pequeña pistola de bolsillo de fabricación francesa, y armas que el General regaló a amigos y que por distintas vías han llegado al Museo.

El Archivo Municipal cuenta, asimismo, con un fondo valioso de documentación oficial de la época y otra documentación de interés donde destacan más de seiscientas cartas que forman parte de la correspondencia del general, muchas con su madre.

Los fondos de la biblioteca municipal y de la biblioteca del Centro de Lectura, una entidad cultural privada, guardan también documentación interesantísima, así como EL Centro de la Imagen Mas Iglesias, la fototeca municipal de Reus, que conserva fotografías e imágenes en movimiento de gran valor.

Todo ello ha permitido contribuir de manera decisiva, desde Reus, al estudio de un personaje capital en la historia de la España contemporánea. En clave historiográfica, por ejemplo, es obligado citar dos grandes aportaciones:  la de Pedrol Rius, “Estudio sobre el proceso del asesinato del general Prim”, publicado en primera edición en Reus, por la Asociación de Estudios Reusenses en 1960, y la biografía detallada que publicó Pere Anguera en 2003 con el título “El general Prim. Biografía de un conspirador”.

El bicentenario

En el marco del bicentenario del nacimiento de Joan Prim, Reus quiere dar un paso más en esta línea y plantear una relectura amplia y diversa de la figura del General a modo de reconocimiento y de reivindicación.

Por ello, el 8 de Mayo de 2012 el Ayuntamiento firmó un protocolo de colaboración con la Diputación de Tarragona y la Sociedad Bicentenario para la organización de los actos de conmemoración. El acuerdo también obliga al Ayuntamiento y a la Sociedad a coordinarse para su buen funcionamiento. Así ha sido como hemos dado forma a un programa de actividades que se presentó oficialmente el pasado 26 de febrero en Poblet, con la presencia del príncipe de Asturias.

Entre los actos que en este marco genérico acogerá nuestra ciudad quisiera destacar los siguientes.

En primer lugar, la restauración del mausoleo del General, obra como ya hemos mencionado de Plácido Zuloaga, que se encontraba en pésimo estado de conservación. Con el apoyo de la Diputación de Tarragona, las obras de restauración, ya completadas y a cargo del Centro de Restauración de Bienes Muebles de la Generalitat de Catalunya, permitirán reubicar el mausoleo en un emplazamiento adecuado en el Cementerio Municipal.

Además de preservar los restos con todas las garantías, este espacio se ha planteado de manera que contribuya a divulgar los rasgos más destacados del personaje histórico y su vinculación con Reus.

En el marco de este proceso, y con el deseo de colaborar con los investigadores, el Ayuntamiento ha facilitado la elaboración de dos estudios anatómico-forenses: uno a iniciativa de la Universidad Camilo José Cela en que participaron especialistas de las universidades de Granada y Valencia, así como de la Universitat Rovira i Virgili y el Hospital Universitario Sant Joan de Reus, y otro a iniciativa de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Alcalá.

Otro de los proyectos que hemos impulsado ha sido la producción de un ambicioso audiovisual que se estrenará en Reus el próximo mes de abril, en el Teatro Fortuny, y que posteriormente se emitirá por televisión. Al final de mi charla podrán ver un trailer del mismo. Se trata en este caso de una iniciativa del Ayuntamiento de Reus con el apoyo de la Diputación coproducida con TV3 i RTVE que plantea, en clave contemporánea, una visión amplia sobre la figura del general.

Reus acogerá también, en el último trimestre del año, una exposición conmemorativa en el Museo de la ciudad que permitirá al público acercarse a la figura de Prim a través de objetos y documentos personales que sitúen al personaje en su época. Entre otros documentos valiosos, además de los fondos que existen en Reus y a los que me he referido antes, contaremos con fondos de la colección Rubio, como saben, la colección privada más importante sobre Prim.

Cabe decir que las instalaciones del Museo se han remodelado recientemente con motivo de otra gran efeméride que Reus celebró en 2013: el 175 aniversario del nacimiento del pintor reusense Marià Fortuny. En estos momentos, las instalaciones acogen otra gran exposición dedicada a Josep Tapiró, reusense coetáneo y amigo de Fortuny, con motivo del centenario de su muerte. Les invito a ustedes a visitarla y descubrir la obra de un artista singular injustamente olvidado.

Son los tres actos más destacados de una programación que engloba también actividades organizadas por las asociaciones ciudadanas. Por ejemplo, las jornadas de historia que tuvieron lugar la semana pasada en el Centre de Lectura de Reus, el principal ateneo cultural de la ciudad. Organizadas conjuntamente con el Instituto Municipal de Museos, contaron con la participación de expertos como Josep Fontana y Borja de Riquer.

Para nosotros es, sin duda, la mejor manera de rendir homenaje a un reusense que tuvo siempre Reus en el corazón y en el pensamiento. Quiero recordar —y con ello termino— una anécdota que explica el pintor Henri de Regnault, autor de uno de los retratos más célebres del general.

A propósito del proceso de elaboración del cuadro, explica que, ante la imposibilidad de disponer siempre del general como modelo, un amigo le sustituía. Y en una de las sesiones descubrieron una suerte de amuleto que Prim llevaba en el forro de su levita, justo a la altura del corazón: un cabo de vela y una medalla de la Virgen de Misericordia, patrona de Reus.

Una prueba mas, quizá la más sentida por los reusenses, de la estimación que Prim tuvo por su ciudad y por su patrona, una ciudad donde todos los actos solemnes y oficiales que acoge el Salón de Plenos están presididos por otro gran retrato, en este caso, obra del artista reusense, Josep Llovera, quién lo donó al Ayuntamiento en 1895.

Cierre

Como les avanzaba al inicio, no es de extrañar que Reus tuviera para Prim una trascendencia mucho más importante que la de ser su lugar de nacimiento. Reus era también espejo para Prim porque era —lo ha sido siempre— una ciudad emprendedora, exaltada a veces, con una sociedad dinámica que desde el siglo XVIII, gracias al comercio del aguardiente, supo ocupar una posición destacada en el mapa internacional. Una ciudad que junto a París y Londres fijaba su precio internacional.

Una ciudad que en época de Prim, el siglo XIX, era la segunda ciudad de Catalunya en número de habitantes.

Por el hecho de haber nacido en Reus, muy probablemente, Prim tuvo una libertad de pensamiento que no habría tenido si hubiera nacido en Barcelona. Reus, en aquella época, como lo ha sido en otros episodios de la historia, fue cuna de hechos y trayectorias excepcionales. Como lo fue y lo ha sido, históricamente, otro rincón de Catalunya, el Empordà, quizá porque ambos territorios están marcados por el ímpetu con que el viento sacude su paisaje.

Así lo expresaba Salvador Dalí, en 1956 en un discurso en el parque Güell de Barcelona hablando de Antonio Gaudí, otro gran hijo ilustre de Reus:

El pintor Fortuny es un genio. Yo también. Gaudí es un genio. Yo también. Fortuny, Prim y Gaudí son de Reus. Yo también. Yo también, porque como escribió el también genial filósofo Francesc Pujols en nuestro país hay mucha gente que sin ser de Reus casi lo parecen”.

Muchas gracias.

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