Las nuevas infraestructuras previstas, como el TAV, jugarán un papel fundamental a la hora de hacer realidad los pronósticos: reforzando el tejido de las infraestructuras existentes (aeropuerto, puerto, red viaria y ferroviaria), permitiendo nuevos crecimientos urbanísticos (a partir del desmantelamiento de espacios urbanos ocupados por vías férreas obsoletas) en un área destinada a acoger más población en los próximos años. Y haciendo posible que la movilidad entre los municipios revierta directamente en el aumento de las oportunidades de progreso económico y social.