Notas de prensa
Destacadas defensoras de los derechos humanos presentan sus experiencias en Reus
El proyecto Ciudades Defensoras de los Derechos Humanos vuelve a Reus los dos 25 y 26 de abril con la gira de primavera, en la que es la 13a edición del proyecto. Reus participa a través del departamento de Solidaridad y Cooperación Internacional desde el año 2018.
- Martes 25 de abril, Colegio San José (Raval de Robuster, 30): La defensora Ryma Sheermohammadi (activista y divulgadora cultural iraní) ofrece la charla "Activismo y cultura para defender los derechos y las libertades". Habrá dos sesiones, de 9:00 a 10:00h con alumnos de 3º de ESO, y de 10:30 a 11:30h con alumnos de 4º de ESO. Posteriormente almorzará con entidades en el Restaurante La Simona (Plaza de las Peixateries Velles, 1)
- Miércoles 26 de abril, Instituto Escuela Pi del Burgar (Calle Josep Vidal Llecha, 1): La defensora Wendy Quintero (periodista, feminista y activista nicaragüense) ofrece la charla "Derechos humanos y libertad de expresión en Nicaragua". Habrá dos sesiones, de 9:30 a 11:00, con alumnos de 4º de ESO y de 11:30 a 13:00 con alumnos de 3º de ESO. Posteriormente almorzará con entidades en el Restaurante Xapatti (Calle de Sant Elies, 15)
Las dos defensoras partricipantes en esta edición son:
- Ryma Sheermohammadi, activista iraní. Los padres de Ryma Sheermohammadi son iraníes, pero ella nació en Arabia Saudí. Hace 30 años que ella y su familia se instalaron en España, donde Sheermohammadi ha desarrollado su carrera como traductora e intérprete. Aunque no ha llegado a vivir en el país de origen de sus padres, el activista sí ha viajado en varias ocasiones. "Antes de la revolución íbamos [a Irán] dos o tres veces al año, pero después de la toma de poder de los ayatolás, sólo he podido volver una vez", explica. Lo que la une a su país, aparte de los lazos familiares, es su trabajo como traductora. Sheermohammadi traduce del y hacia el persa y trabaja en proyectos europeos que tienen como eje el activismo iraní. A principios de la década de los noventa estuvo viviendo en la República Checa, donde tuvo la oportunidad de conocer y trabajar con activistas iraníes instalados allí. "Yo era muy joven, pero poco a poco fui afianzando mis intereses y mi trayectoria como activista". En 2004 empezó a trabajar con Shirin Ebadi, una abogada y defensora de los derechos humanos iraní que en 2003 recibió el Premio Nobel de la Paz. Ebadi es la primera mujer iraní y musulmana en recibir este premio y destaca por su lucha en defensa de los derechos de las mujeres y la infancia. Desde Barcelona, Ryma Sheermohammadi lleva tiempo trabajando por la defensa de los derechos de las mujeres iraníes, para expandir su voz y para fortalecer los lazos de lucha colectiva a favor de la libertad.
- Wendy Mercedes Quintero, es periodista y activista del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Mai Més, fundado desde el exilio por abogados y defensores que pertenecieron al Centro Nicaragüenco de Derechos Humanos (CENIDH), organización que, desde 1990, promociona y protege a los derechos humanos en Nicaragua. A raíz del estallido social que dejó 355 fallecidos en el 2018, el Gobierno incrementó la represión contra los actores sociales e ilegalizó la actividad, hasta febrero de 2023, de 3.245 organizaciones, incluido el CENIDH, y la mayoría de activistas tuvieron que exiliarse, entre ellas Wendy Quintero. Wendy Quintero es de León, donde nació el poeta Rubén Darío y se fundó la primera universidad de Nicaragua. A 20 minutos del Pacífico, es una región conservadora, católica, pero también socialista y sandinista. Una tierra de contrastes, dice, en la que “conviven lo moderno y lo tradicional”. “Nací en una familia sencilla y muy católica. Me marcó el colegio católico en el que estudié, la Asunción de León, en el que incidían muchísimo en la justicia social, en batallar por nuestros derechos”, recuerda, sobre una época marcada por estos sacerdotes de izquierda, los de la teología de la liberación, que se opusieron a dictadores y se ganaron el respeto del pueblo. En el ámbito personal, relata una infancia marcada por el conflicto que, de 1980 a 1990, siguió a la caída de la dictadura de los Somoza. “Fue una época muy difícil. Hacíamos fila para recibir alimentos cada 15 días, como ocurre en Cuba”, ejemplifica. De su familia, no olvida a su tío, al que escondían para que no se lo llevaran al Servicio Militar Patriótico, que era obligatorio, ni a su abuela, doña Mercedes, que intercambiaba jabón, aceite y huevos por otros alimentos indispensables. En 2018, para denunciar los crímenes de la segunda etapa de Daniel Ortega, Quintero tuvo que exiliarse en Costa Rica. Estuvo tres años separada de su hija, también obligada a dejar su vida, sus amistades y la universidad, y ahora, unidas, afrontan muchos de los traumas que acompañan a las personas que huyen de la represión. "Este tipo de sufrimiento no se ve, pero es una angustia que te marca", reconoce. Sin embargo, todavía tiene fuerzas para luchar.
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